20/11/11

Lo dejo en tus manos.

No sé si eres tú o soy yo. No sé si nuestro problema es que somos diferentes o demasiado parecidos. Pero de lo que estoy segura es que mi sonrisa está ahí cada día gracias a ti, tu compañía hace que salga sola, sin necesidad de fachadas. Ya no me hace falta autoconvencerme de que soy feliz, porque ahora, gracias a ti lo soy de verdad. Sé que suena típico, a cursilería barata, pero cuando esa cursilería es lo único que te recorre por el cuerpo, no tienes más remedio que gritar a los cuatro vientos que te gusta, que la sonrisa tonta no se te quita en todo el día, que te encanta aunque él sea imposible, que no lo puedes evitar, que quieres estar con él las 25 horas del día durante los 8 días de la semana, que cuando quedáis, todo tiempo te sabe a poco, que si no le ves, ya nada es lo mismo.
La emoción de alguien nuevo en tu vida, la emoción de ese alguien que te empieza a gustar. El querer decírselo pero el miedo que te entra al imaginarte que no siente lo mismo, perder por miedo a perder, callarte, quererle en silencio, abrazarle en sueños, emociones que suben y bajan cuando te enteras a última hora de que se apunta al plan de esa tarde, intentar acercarse a él, que te cuente qué tal le va y que te sonría. El principio de algo que puede suceder o algo que pudo ser, pero no fue. Eso ya lo dejo en tus manos.

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